Las siglas GBL que definen a esta metodología provienen de su denominación inglesa ‘Game Based Learning’. En ella se utilizan juegos, ya creados o inventados para la ocasión, con el fin de poder aprender a través de ellos. Así, el juego se convierte en vehículo para afianzar conceptos.
En esta metodología adquiere mucha importancia el nivel de jugabilidad y divertimento del juego en cuestión. Existen algunos creados con el mero objetivo de divertir (suelen tener contenido académico bajo) y aquellos pensados para enseñar algo concreto.

Los creados con el único objetivo de divertir son susceptibles de ser modificados para adaptarlos al contenido que se quiera trabajar. Este es el caso, por ejemplo del Trivial, y aquellos pensados para enseñar algo específico, como el Risk para aprender Geografía. A estas dos opciones, se podría añadir una tercera: crear nuestros propios juegos para enseñar el contenido. Para indagar en este campo, recomiendo Kahoot o Quizlet, que permiten crear sencillos juegos de preguntas. Para ir un paso más allá, existen opciones como Unity o RPG Maker, que permiten diseñar juegos desde cero adaptados a necesidades específicas.
Así, ambas estrategias pueden ser usadas individualmente o en conjunto para obtener un mayor resultado. Se puede comenzar con juegos ya creados para pasar, posteriormente, a la creación de recursos propios.

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